CAPITULO 1: El Gran Diluvio


CAPÍTULO 1: EL GRAN DILUVIO

La lluvia no dejaba de azotar Bucarest. Las ventanas del Museo Nacional de
Historia estaban empapadas, la fuerte tormenta cubría la luna. Apenas se podía
ver en la densa y fría noche. Los guardias del museo, acostumbrados a la misma
labor todas las madrugadas, patrullaban los pasillos con linternas. Con cada
relámpago una sala entera del enorme lugar se iluminaba y sus vidrios
temblaban. Uno de los oficiales fue llamado por radio, de la sala de seguridad
le informaban que una alarma silenciosa se había disparado en el cuarto de
armas antiguas en el piso superior. "Probablemente el fuerte viento y el agua
hayan abierto una puerta o una ventana" pensó cansado, todas las noches
exactamente lo mismo. Resignado respondió por su radio que iría a cerciorarse
de que todo estuviera bien. Terminó su café y arrojó el vaso a un tacho en uno
de los pasillos. De manera desganada fue subiendo los imponentes escalones de
la escalera de mármol. Una vez que llegó a la sala, alumbró y revisó todas las
repisas, las esquinas, estaba todo en aparente orden, chequeó que estuvieran
cerradas las ventanas. Llamó para informar que habría sido una falsa alarma o
algún roedor que disparó el detector. Pero nadie respondió, golpeó fastidiado
con su mano la radio pensando en un desperfecto. Al rato sin recibir respuesta,
inspiró profundamente y teniendo la excusa perfecta, sacó de su bolsillo una
caja de cigarrillos, se llevó uno a la boca y bajó la linterna para prender el
encendedor. La primera bocanada le produjo mucho placer, apuntó la linterna
hacia delante y decidió volver a su recorrido. Cuando estaba por dejar la
habitación, escuchó un ruido detrás de él. Giró pero entre tanta oscuridad no
pudo ver nada, se encogió de hombros y siguió caminando. De pronto un olor
nauseabundo lo invadió, le empezó a producir arcadas, se tapó la nariz
rápidamente y comenzó a insultar a los roedores del Museo. No aguantaba el
olor. Se dirigió rápidamente a la salida de la sala tratando de que su radio
funcionara para comunicarse con el resto de los guardias. Pensaba en una gran
invasión de roedores. "Allí vamos", le respondieron rápidamente de la sala de
seguridad. Al hacer menos de 20 metros hacia la escalera pudo ver a sus tres
compañeros subiendo hacia donde él se encontraba, todos miraban hacia abajo
tapándose con sus antebrazos los rostros.

-Qué rápido. ¿Cómo hicieron? ... No importa...
Si el olor es insoportable... Parece que alguien se hubiera muerto aquí -les dijo;
ellos no respondieron, seguían avanzando. Se empezó a poner nervioso; cuando
estaban a una distancia corta, pudo ver que los antebrazos que cubrían sus
rostros estaban empapados en sangre- ¿Qué pasó? --gritó.

Entró en pánico cuando se descubrieron el rostro, ellos se habían arrancado sus propios ojos. El pobre guardia comenzó a gritar y a correr hacia una escalera auxiliar para poder salir del lugar.

-Vienen por tus ojos--gritaban ellos lamentándose- -los ojos fríos del infierno.

Seguía corriendo. "Debe ser una broma pesada", se trataba de convencer. Con un fuerte relámpago, la linterna dejó de funcionar y todo era oscuridad. Escuchaba pasos distantes y errantes. Se colocó contra una pared y trató de controlar la respiración para pasar inadvertido. El
olor cada vez se hacía más fuerte. Pasaron unos segundos y escuchó un lamento
que se acercaba. Un fulgor iluminó la habitación y pudo ver frente a él a un anciano,
de alta estatura, vestido de inquisidor, de un rojo fuerte. Este lo miró y pudo
ver sus ojos celestes como un glaciar. El anciano sonrió y dejo ver sus dientes
oscuros y afilados como un predador.

-¡Puedo oler tu miedo! --rio el viejo-.
¡Su aroma me encanta!- -El hombre temblaba y apenas podía respirar--. Te veo en
el Tártaro. --Y lanzó una carcajada. Se oscureció todo nuevamente y el cuerpo
del guardia estaba en el suelo, frío, sin vida, sin sus ojos y con la cara
desfigurada por el pánico antes de morir.

El demoníaco inquisidor vagaba por la habitación, sin caminar, se desplazaba en el aire a milímetros del suelo, lamiéndose la sangre de los dedos y al llegar a una vitrina llena de armas del imperio otomano empezó a reír a carcajadas. Con un solo movimiento de su mano
destrozó el vidrio que resguardaba las reliquias. Se divertía señalando una por
una y reía como un niño que no sabía qué quería agarrar primero. Cuando se
decidió a tomar una de las armas, escuchó que alguien entraba a la habitación.

-Déjalo allí, hace tiempo que los tuyos no usan esas cosas --dijo una mujer joven vestida de negro-. ¿Y qué haces a estas horas despierto?, ¿por qué no estás en el inframundo? --agregó mirando su reloj mientras el anciano enfurecía-.- A esta hora tendría que estar disfrutando la
noche -rio la joven de pelo negro azabache.

-No te sentí entrar, ¿eres un alfa? --se
fastidió el inquisidor.

-No, salgo con uno, quizás no sentiste que
atravesé la puerta gracias a un pequeño detalle --rio la joven de manera muy
irrespetuosa ante el fastidio del anciano-. ¡Estoy muerta! Pero yo huelo mucho
mejor que tú por suerte --dijo mientras se olía el pelo y ponía cara de asco.
El viejo encolerizado se arrojó sobre ella con furia e impotencia. Ella calmada
esperó el momento exacto y, cuando estuvo a distancia, le dio una patada con
sus borcegos en la cara al viejo, al que tiró contra una repisa haciéndola
pedazos. El demonio se levantó rápidamente y se lanzó por la ventana más
cercana destrozándola.

-Me van a retar --dijo ella fastidiada y
saltó por la ventana para iniciar la persecución del inquisidor.

Ya en el jardín del museo la apariencia del viejo comenzó a dejar de ser humana y empezó a correr a una velocidad impresionante, atrás corría ella, que era más rápida aún. Saltaron las rejas
del parque y se adentraron en oscuras y solitarias calles de Bucarest, bajo la
intensa lluvia. El demonio sabía dónde ir exactamente, buscaría gente para
alimentarse, hacerse fuerte y perderse, pero ella lo estaba alcanzando. En un
cruce de calles ella miró rápidamente al cielo y vio cómo una sombra los seguía
desde los techos, ella sonrió y siguió. Al verse acorralado, el inquisidor
rompió las puertas a toda velocidad de una vieja iglesia y trepando como una
araña subió al techo. Ella ingresó por la puerta destrozada y miró hacia
arriba, el demonio iba y venía frustrado y maldiciendo en el antiguo idioma de
los titanes. Ella se sacudió el pelo con sus manos para quitarse el agua, de
manera muy relajada, como si nada sucediera y le sonrió irónicamente a su
enemigo.

-¿Por qué sonríes? --gritó enfurecido-.- Eres
inmortal, pero por lo visto no puedes subir, si pudieras lo habrías hecho --escupía
saliva mientras gritaba-. -El sol saldrá y te matará --rio enfurecido.

-Yo no puedo llegar tan alto --respondió
la chica riendo-, -pero él sí --agregó señalando a uno de los Vitro del techo.
El demonio rápidamente miró y vio dos ojos celestes como un glaciar detrás del
antiguo vidrio. Pero era tarde, estos estallaron y por la ventana se lanzó
sobre el Toranosuke, agarrando al viejo por el cuello, este agarró al japonés
de su sobretodo negro y los dos cayeron desde el alto techo rompiendo las
cerámicas del suelo. Inmediatamente el guerrero nipón lo empezó a golpear
brutalmente en el rostro con su puño mientras que con la otra mano lo sostenía
del cuello. El demonio escupía sangre.

-Vuelve adonde perteneces --le dijo Toranosuke y sacó a Honjo Masamune (Katana japonesa perdida, solo se hace visible cuando el portador la desenvaina). Con una estocada le atravesó la
frente. El infernal anciano se retorció chillando y desapareció en llamas. Había vuelto al Tártaro.

El joven se levantó y mientras se sacudía el polvo de su largo sobretodo la miró a ella como regañándola y envainó a Honjo.

-¿Qué voy hacer contigo? --retó suavemente
a la joven-. -Podrías haberlo matado sin destrozo ni persecución, voy a llamar
a Sûbiril para que limpie el museo y al comisario Dumitrescu para que la
policía no aparezca por un rato --agregó fastidiado mientras sacaba de su
bolsillo su teléfono móvil.

-¿No puede una chica enamorada querer que
su príncipe azul la rescate? --le respondió ella sonriendo-- o mejor dicho mi
lobo plateado, guarda el teléfono, puedes llamar en dos minutos, ¿no puedes
primero darme un beso? --agregó mientras le tomaba la mano, él sonrió y guardó
su teléfono en su bolsillo.

-Lucia Mantovani, Lucia mía --sonrió él, -incorregible-
y la besó profundamente mientras le acariciaba el cabello y con la otra mano la
abrazaba firmemente de la cintura. Ella puso sus manos en el pecho de
Toranosuke y lo miró.

-Faltan tres horas para que amanezca y el
sol me envíe a dormir --dijo ella-. ¿Vamos a Silver Church por un trago?

Él asintió con la cabeza, se puso a su
lado y de la mano salieron a la calle bajo la tormenta. Él mandó un mensaje de
texto a Sûbiril para que limpiara el museo y para que la policía no fuera hasta
que la maga hubiera terminado su trabajo, como siempre inventarían vandalismo o
ladrones, neonazis de vez en cuando. Al guardar nuevamente su teléfono notó que
ella lo miraba enamorada mordiéndose los labios con sus profundos ojos color
almendra.

-Mañana cumplimos 305 años juntos --le
dijo ella feliz.

-Sí, como pasa el tiempo --contestó él de
manera casi indiferente.

-Vamos, es mucho, sé que no puedo salir de
día, pero no me llevas más que a cazar, o a Silver Church. Quiero algo especial
y sé que tú también --rio.

-¿Algo especial? Mhhhh, a ver, no comes
comida, no puedes ver la luz del sol --él se burló riéndose-. Algo se me va a
ocurrir para nuestra boda de... -he hizo una pausa- -ya pasaron las de plata y
oro si fuéramos mortales --rio él. Ella rio a carcajadas. Él sacó del interior
de su sobretodo en medio de la lluvia un paquete de cigarrillos y encendió uno,
con un gesto le ofreció uno a Lucia.

¿Estás loco? "Fumar Mata" dice la caja --
contestó ella, los dos no pudieron contener la risa y siguieron caminando bajo
la lluvia fumando agarrados de la mano hasta llegar al auto de Toranosuke, su
Lycan Hypersport. Ambos subieron al imponente deportivo negro tirando sus
cigarrillos a la calle. Una vez dentro la lluvia parecía música de fondo. Se
miraron y ella no esperó y lo siguió besando apasionadamente, él hizo todo lo
contrario a oponerse, fue tanta la pasión que ella le cortó el labio.
Toranosuke hizo un gesto de dolor, ella lo tomó del mentón y con su lengua tomó
la sangre que salía de la herida, la cual cicatrizó instantáneamente, los ojos
de Lucia se pusieron rojos por unos segundos e inmediatamente se abalanzó sobre
él.

-Espera, amor --la paró en seco-. -Aquí
no, tranquilízate, vamos a Silver Church y en casa bebes un poco de mi sangre,
no quiero que entres en frenesí aquí --dijo él preocupado al verle los ojos.

-Mhhhh, bueno, es que la sangre de los
lobos me pone, bueno, tú sabes --rio ella.

-Sí, me acuerdo --sonrió él mientras le
acariciaba la mejilla-. -¿No sientes eso?

-Sí, tonto, ¿cómo no voy a sentir tu caricia?
Me emociona --dijo ella cerrando los ojos.

-Me refiero a la temperatura de mi mano --dijo
él con mirada triste. Ella tragó y se angustió antes de contestar, estuvo a
punto de llorar.

-Sabes que no puedo sentir calor ni frío,
no lo elegí yo, pero sí siento tu cariño, tu amor --contestó angustiada-. ¿Estás
nervioso o inseguro de nosotros?

-No, mi amor --dijo él-, -jamás, nunca
puse en duda en estos casi 305 años de relación mi amor hacia ti.

-Yo tampoco, pero entonces, ¿por qué me
preguntas eso? --contestó Lucia mientras le tomaba la mano.

-Es que siento que los dioses nos
castigaron la inmortalidad, no podremos tener hijos, ver atardecer o anochecer --suspiró
él-. -Es como que siento que eternamente vamos a tener que estar cazando.

-Sí, pero si no fuera porque somos
inmortales, jamás nos habríamos conocido -sonrió ella-. -Además cada segundo a
tu lado no es un castigo, creo que es el cielo, no puedo pedir más --concluyó
con una enorme sonrisa.

Él sonrió aliviado al oír las palabras de
Lucia y la besó de nuevo, pero suavemente, como si no hubiera mañana. "Vamos",
dijo él e inmediatamente encendió el auto con su huella digital. La máquina
hizo un ruido imponente y espectacular, los tableros virtuales se encendieron
junto a las luces. Con un comando de voz le indicó al auto que iban al Silver
Church. Inmediatamente en el vidrio del parabrisas se le proyectó el camino y
el tiempo estimado que hizo la computadora de acuerdo con el tráfico y el
clima. Sin dudarlo piso el acelerador y esa máquina futurista en 2 segundos
entró en los 200 kilómetros por hora; el agua se abría paso y en las
oscuras calles de Bucarest se veía una estela de luz y se escuchaba el ruido
del motor. Él nuevamente le dio la orden al auto de poner música y el corto
viaje fue con heavy metal de fondo. Ella para sus adentros no entendía el
fanatismo de Toranosuke por los autos de gran velocidad, ellos corrían más
rápido, pero también eso es lo que más lo enamoraba de él, según ella: "él era
el humano, cálido y calculador, queriendo siempre ser diplomático como buen samurái;
ella era la bestia, la pasión encarnada, el demonio que no tenía filtros, decía
lo que pensaba, atacaba según le apeteciera o si le era divertido, eran así,
uno el día, otro la noche, pero juntos para siempre". Lo miraba concentrado
manejar como piloto de carreras por las calles cada vez más transitadas a
medida que se acercaban al centro y se burlaba de él, por su concentración. Él
la miraba y su risa, en su burla o en su seriedad, era perfecta, sus dientes,
sus muecas, todo. Le tenía estudiado hasta el último milímetro de su rostro, no
se cansaba de mirarla.

-Amor, ¿no crees que vas muy rápido? --se
burló ella.

-¿Lo dices por la policía? --rio él-. -Dumitrescu
y sus hombres están a nuestro servicio.

-Es que no es eso --dijo ella sorprendida-- temo que tus reflejos no estén a la altura de este auto --agregó a carcajadas, sabiendo que probablemente Toranosuke tuviera 10 veces los reflejos del ser humano más entrenado del mundo. El rio también, pero con su orgullo un poco
herido aceleró más aún, las cosas volaban a medida que el auto pasaba por la
calle, los autos que había transitando parecían fijos.

Al llegar a la puerta de Silver Church, él freno de golpe dejándolo perfectamente estacionado. Ella con su mirada le dio a entender que no era impresionante lo logrado, él sonrió y ambos bajaron. Un enorme y calvo hombre encargado de la seguridad de Silver Church se acercó a
los gritos reclamándole la velocidad con la que había estacionado. La gente que
hacía fila para entrar miraba atónita. Toranosuke lo miraba sin decir nada,
mientras que Lucia se reía, ya el maquillaje negro de sus ojos se había corrido
por la lluvia.

-¿De qué te ríes? ¿Estás drogada? --siguió
gritando el hombre de seguridad. Toranosuke enfureció, Lucia se dio cuenta
porque podía notar el ritmo cardíaco de los seres y su temperatura corporal, y
la de Toranosuke como buen hombre lobo subía en exceso cuando se enojaba. Ella
sin dejar de reír se aferró a Toranosuke e intentó llevarlo nuevamente al auto,
pero le fue imposible moverlo. Los ojos del joven samurái cambiaron y el
guardia inmediatamente entró en pánico; es algo que tienen los inmortales,
capaces de infundir miedo en un mortal con solo mirarlos. El enorme custodio
retrocedió balbuceando y fue ahí cuando Lucia no pudo contener una tremenda
carcajada, el hombre literalmente se había orinado los pantalones. Humillado y
en pánico se dio vuelta y corrió a la puerta del local, el público presente se
reía también.

-Qué bueno, pensé que terminaba en
catástrofe - le dijo ella al oído.

-Si estabas tú en mi lugar habría un
muerto y policía forense - rio él. Ambos de manera alegre y como si nada
hubiera pasado se dirigieron a la puerta del lugar, sin hacer cola. Un hombre
de baja estatura con un traje caro y peinado a la gomina salió corriendo.

-Señor Nakagawa -gritó-. Señorita
Mantovani -añadió-. Entren por favor, disculpen las molestias, no vuelvo a con-tratar
a estos imbéciles que expulsan del Ejército, noche espantosa. -Con un grito le
indicó a otro guardia que los llevara al VIP, que eran sus amigos. -Cualquier
cosa me dicen, lo que necesiten, alcohol, entretenimiento, comida, a sus órdenes.

-Gracias, Mihai -contestó Toranosuke mientras
entraban y el sonido del metal electrónico se volvía más fuerte.

-¿Cómo está la familia Mihai? -preguntó
Lucia.

-Están enojados con mi otra familia -respondió
irónicamente el pequeño negociante.

-¿Cuál, tu primera esposa con tu segunda
esposa? ¿o con la tercera? -bromeó ella con una carcajada.

-La tercera con la segunda -rio
sarcásticamente Mihai-. ¡Disfruten!

Mientras caminaban entre la gente que
bailaba hipnotizada por la fuerte música, Lucia reía, Toranosuke la miraba
serio.

-¿Qué te preocupa ahora? -le preguntó
mientras lo tomaba del brazo y apoyaba su mentón en el hombro de Toranosuke.

-Preocuparme nada -contestó indiferente -.
Es Mihai y algunas cosas que no entiendo de los humanos, es patético, tiene
dinero, salud, hijos y sin embargo es un infeliz.

-Sí - rio la hermosa gótica- es patético,
pero lo patético puede ser divertido -. Toranosuke levantó una ceja como
preguntando: "¿Cómo algo patético puede resultar gracioso?". -¿Acaso no fue
divertido y patético que aquel guardia en la puerta se hiciera encima? -preguntó
Lucia entre carcajadas. Él no pudo evitar la risa, sin dudar ella lo besó. -Vamos
a divertirnos, mi guerrero de ceño fruncido -agregó tomándole la mano mientras
lo llevaba bailando hacia el sector VIP.

Al llegar, los guardias, que ya los conocían, algunos de hace años, los dejaron pasar como si fueran celebridades, se sentaron en unos sillones muy cómodos que tenían reservados para ellos. Ella subió, apoyó sus pies sobre una mesa pequeña de madera y él encendió un cigarrillo,
degustó lentamente la primera bocanada. Lucia sacó del bolsillo interno de su
oscuro saco una pequeña petaca de whisky, pero en ella no había alcohol,
contenía sangre de algún hospital de Bucarest. Bebió un trago y abrió sus ojos
como si hubiera consumido una droga extremadamente fuerte y energizante. Una
gota caía por la comisura de sus labios, el samurái le hizo una seña con el
dedo para alertarla y ella con su lengua se relamió y lo abrazó. Él amaba esa
situación, tenerla en su pecho, oler ese perfume que la caracterizaba, el cual
podía oler a kilómetros, acariciar su cabello, eran las cosas de la
inmortalidad que jamás lo aburrirían. Como siempre, inquieta y riendo, ella
empezó a revolverle los bolsillos a Toranosuke solo porque sabía que eso lo
molestaba. Él rio irónicamente y trato de ignorarla. Ella pegó un grito y le
robó del saco sus anteojos negros. Él insistió con desgano y sonriendo en que
se los devolviera, pero ella como si nada se los puso y empezó a modelarle
sensualmente. Él nuevamente no pudo evitar reír, eso lo volvía loco, nadie lo
hacía reír excepto ella. Ella sacó su teléfono celular y se lo dio: "Vamos,
tómame unas fotos", él sonrió y le siguió el juego. Ella posaba, el lugar
estaba abarrotado, pero para él solo existía ella. Foto tras foto ella muy
carismática y desvergonzada inventaba algo nuevo. Cansado de tanto juego él la
levantó del sillón, la rodeó con sus brazos alrededor de su pequeña cintura y
comenzó a besarla, ella no dudó y lo tomó de la cara. Se besaron desenfrenadamente,
él amaba la pequeña y perfecta cintura de Lucia, lo volvía loco. Ella deshizo
el nudo samurái del pelo de Toranosuke y empezó a acariciarle el pelo suelto
mientras los besos se volvían profundos y ya una entrada que dejaba mucho que
desear. Él empezó a darle besos por todo el cuello mientras ella, jadeaba. Sin
poder controlarse ella le dijo al oído: "Hazme el amor desenfrenadamente", hizo
una pausa para dejarse besar y poder retomar el aire: "¡Como lo bestia que
eres!", agregó con una sonrisa lujuriosa. Él rio y le contestó: "¿Cuesta
definirte entre romance y lujuria?" Lucia saltó y lo rodeó con sus piernas
mientras lo seguía besando. "¿Por qué? Dale", él esperó para contestar, ya que
no quería dejar de comerle la boca y el cuello. "¿Por qué me dices hazme el
amor, muy romántico y después a lo bestia?", se rio con todo el pelo hecho un
desastre, ella contestó: "El amor es pasión, ¿me vas a matar o vas a darme
clase de poesía y léxico?", agregó. No le contestó, se dejó caer al sillón con
ella encima. La gente que estaba próxima estaba incómoda hacía rato, pero ellos
estaban más allá de todo. Lucia con una mano comenzó a desabrochar el pantalón
de Toranosuke, él estaba completamente rendido, ahora Toranosuke también dejaba
escuchar sus jadeos. Repentinamente un chillido le destrozó el oído, él la
corrió a un costado del sillón. "¡Maldita esta música que le puso Dragos a mi
celular, me va a dejar sordo, no soy un perro!", dijo él, ella gritó de furia y
pateó la mesa mientras se arreglaba el cabello. Era un llamado que solo los
alfas con su oído extra sensitivo podían oír, para emergencias o para que
volvieran a la "cueva" (la mansión en las afueras de Bucarest donde operaban
los alfa). "Tenemos que volver", le dijo fastidiado mientras chequeaba la
pantalla del teléfono móvil. Se incorporó acomodándose el pantalón y con
resignación le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. Ella lo tomó de la
mano y se levantó con muchísimo fastidio. La gente dentro del VIP se miraba y
murmuraban entre ellos aliviados de que se fueran. Lucia se percató de eso y
los miró.

-¡Y sí, nos arruinaron el... -dijo sin
terminar mientras Toranosuke le tapaba la boca. -¿Qué? Si es verdad -se quejó a
él mientras caminaban fastidiados entre la gente. Al salir se dirigieron al
auto mientras ella terminó de beber la sangre de la petaca.  Una vez arriba del auto lo encendió y salió a toda velocidad hacia la cueva. La hermosa mansión donde los alfas de Bucarest operaban estaba muy cerca del Palacio Mogosoaia en un bosque. Como lobos vivían todos juntos, pero eso era algo que le traía dificultades a Lucia con algunos miembros por no ser una mujer Licántropo.  Ya cuando estaban saliendo de la ciudad la lluvia cesó y se podía ver la luna, el bosque frondoso. Ellos desde que salieron de la discoteca no hablaron en ningún momento. Pero Lucia era inquieta, miraba hacia todos lados, y se le ocurrió empezar a jugar con el tablero interactivo del auto; él intentaba no prestarle atención, pero comenzaba a fastidiarse, no con ella, con la situación.

-Estoy toda mojada -se quejó.

-Ahora llegamos y te sacas la ropa por
algo seco -contestó Toranosuke; ella lo miró con fuego en sus ojos sonriendo
diabólicamente.

-No me refería a mi ropa -dijo. El samurái
sonrió e hizo un esfuerzo enorme por no sonrojarse, tenía más de 400 años, pero
ella siempre lograba intimidarlo sexualmente.

-¡Ya sé! -saltó de un grito ella a
carcajadas-. Ya dejó de llover, antes de llegar, paramos en el bosque, falta
una hora para que amanezca, es poco tiempo, pero podemos.

-¡No pueden! -Los retó Razvan, un viejo
testarudo alfa, canoso y con cara de cavernícola, que apareció en el monitor
del auto-. Vengan aquí ahora mismo -gruñó.

¿-Qué eres, Voyeur Razvan? -se burló Lucia
mientras Toranosuke reía.

-Qué graciosa, no necesito verlos para
saber que están todo el tiempo en celo -contestó el viejo-. Los escucho todas
las noches, parece como si te estuvieran asesinando y se me viene a la cabeza
la imagen de un lobo tratando de montar a un murciélago -se quejó-. Justamente
los tenemos que rastrear para que no se porten como una pareja de adolescentes.

-¡Uau, qué gráfico! -contestó ella a
carcajadas

-Suena excitante -agregó Toranosuke
burlándose.

-¡No lo es! -se fastidió Razvan-. Los
quiero ahora acá-. De pronto detrás de Razvan se escuchó una voz masculina,
calma y tímida.

-Perdón, perdón, córrete, vamos, déjame el asiento, es mi lugar -dijo Dragos mientras aparecía en la imagen, de aspecto intelectual y tímido. Era el alfa hacker e investigador, era un inmortal que
dedicó toda su existencia a leer y a la ciencia; muchas veces los alfas dudaban
si tenía algún tipo de sentimiento amoroso-. Perdón a los dos, me levanto un
segundo de mi puesto y Razvan lo usurpa, Viorica quiere hablar con ustedes dos
y con Sûbiril -agregó.

-¿Es verdad? -preguntó Lucia.

-Sí, es verdad, me lo pidió hace unos minutos -contestó inocentemente Dragos.

-No me refiero a eso, a que si sueno como si me estuvieran matando -lo increpó la vampiresa. Dragos hizo un silencio largo e incómodo con la boca semiabierta.

-Sí -contesto tímidamente y con miedo a
una reprimenda-. Mi cuarto es el que está al lado del de él... Por eso siempre tengo auriculares puestos. -Los dos amantes rieron.

-Bueno, estamos en unos minutos, prometo
no tentarme con este malhumorado, pero hermoso y comestible samurái -agregó
ella mientras le agarraba fuerte un cachete a Toranosuke, el cual
inmediatamente apagó el monitor.

Al ver la mansión a lo lejos, una de las pantallas del automóvil le indicó a Toranosuke que otro vehículo se acercaba por detrás a gran velocidad. Con una orden de voz le pidió si podía
reconocerlo. Apenas en dos segundos el auto procesó y lo identificó como una
moto "Kawasaki Ninja - Sûbiril". Él se quedó tranquilo y miró por los espejos
retrovisores a ver si la podía ver, estaba oscuro. De golpe las luces de la
moto aparecieron como un fulgor extremadamente veloz que se disponía a
pasarlos. "Esta vez no", pensó Toranosuke que puso al auto a máxima velocidad,
Lucia se sonrió. La moto intentaba pero no podía llegar al auto y en cada curva
ponía el cuerpo del imponente deportivo para no dejar pasar la moto. Al llegar
a la reja de los jardines de la mansión, él bajó la velocidad y Sûbiril se puso
a la par. Esta levantó el protector de ojos de su casco y dejó ver sus
plateados ojos. Las enormes puertas se abrieron y lentamente los dos vehículos
recorrieron el parque hasta llegar a la puerta del garaje subterráneo, bajaron
y estacionaron. El lugar era un búnker de gran tamaño lleno de cámaras con
autos y motos de todo tipo. Sûbiril se sacó el casco y dejó ver su largo y
plateado pelo, de cara hermosa, pero agresiva, con piercings, lo dejó en el
asiento de la moto y abrió suspirando un poco el traje de motociclista negro de
cuero por el calor. Toranosuke y Lucia bajaron. Inmediatamente la vampiro salió
corriendo a saludar a su amiga.

-¿Qué tal la noche? -dijo mientras la
abrazaba.

-Ufff -se quejó la maga-, tenemos
problemas, por eso Viorica nos quiere ver -mientras devolvía el abrazo-. Perdón,
¿qué tal tu noche?

-Bien, hasta que Razvan con su humor -suspiró
Lucia-, en fin, lo de siempre.

-¿Cómo estás, pequeña? -saludo Toranosuke.

-Hermanito, veo que su noche tampoco fue
la mejor -contestó Sûbiril compadeciéndose.

-Sí, las hemos tenido mejores, vamos yendo
-se quejó él-. Lo único que falta que es que nos llamen la atención por hablar
en un garaje búnker subterráneo.

Las dos mujeres rieron irónicamente y junto al samurái caminaron hacia un ascensor. Lucia lo tomó de la mano y apoyó su cabeza en el hombro de Toranosuke. Al llegar al elevador, tocaron el botón y mientras esperaban Lucia miró a la cámara y sonrió falsamente mostrando sus
dientes. Él y la maga se miraron y sonrieron los dos en ese instante y pensaron
"No cambia más". Las puertas se abrieron y los tres subieron. El viaje fue
corto, salieron a la sala principal de la "cueva", era una inmensa sala de
estar de madera con viejos candelabros, chimeneas, sillones del Renacimiento y
armas feudales colgadas en las paredes, largas alfombras cubrían el suelo. En
el centro en los sillones estaba sentada Viorica, la más antigua de los Alfa,
había sido esposa de Lycaeon (el primer alfa) mujer grande, pero que transmitía
serenidad y bondad. A su lado estaba Razvan, el viejo malhumorado, con una
botella de vodka en su mano, tomando sin quitarle la mirada a la botella.
Dragos en otro sillón los saludaba con una mano mientras con la otra se
entretenía con su ordenador portátil, y en otro sillón estaba Velkan (el mejor
amigo de Toranosuke, guerrero enorme, de una fuerza incomparable, incapaz de
expresar sentimiento alguno, de barba larga, joven y pelo largo lacio rubio)
junto a su mujer Mihaela (rubia, fría de carácter, fría en el pensamiento,
helada en la emoción, calculadora, obedecía órdenes como una máquina). Excepto
Dragos todos los que estaban sentados estaban con rostros de fastidio. Viorica
con un gesto con su mano invitó a sentarse a los tres que llegaban. Sûbiril se
sentó, Toranosuke la siguió, pero Lucia como siempre se desplomó despatarrada,
sacó un chicle de su saco y empezó a mascarlo haciendo un ruido insoportable.
Razvan la miró y se empezó a fastidiar, la vampiro también lo miraba e hizo un
globo bien grande y lo reventó. Desquiciado el viejo lobo rompió con la presión
de su mano la botella de vodka y se levantó de un gruñido.

-¡¿Todo es un chiste para ti?! -gritó.

-¿Es tan difícil pedir las cosas de buena
manera, Razvan? -contestó Lucia mientras seria y sobradoramente guardaba el
chicle en un papel-. Me parece que es la falta de sexo -sonrió ella.

Inmediatamente el enorme viejo se levantó
para atacar a Lucia, Toranosuke se paró rápidamente entre ambos, y no le quitó
la mirada de encima. Si bien eran humanos, su inmortalidad como licántropos los
hacía seguir la misma regla que los lobos, había alfas, betas y omegas.
Toranosuke había reemplazado como alfa a Razvan hacía tiempo, si algo le pasaba
a Viorica, el sucesor de los Alfa de Bucarest sería el samurái. El viejo gruñía
de rabia, pero no decía una palabra y no movía un músculo de su impotente
cuerpo. De pronto, para tranquilizar las cosas, Velkan le puso la mano en el
hombro al viejo.

-Ven - dijo, con la voz grave que lo
caracterizaba, mientras lo guiaba nuevamente al sillón-, siéntate.

-¿Cómo puedes defenderla? -gritaba el
viejo-. Defendemos a la humanidad del Tártaro y ella vive de fiesta en fiesta,
es todo un chiste para ella -continuó, mientras Toranosuke seguía parado
mirándolo fijamente.

-No la defiendo a ella, sin ofender -contestó
Velkan mientras miraba a Lucia, la cual sonrió-. Es la mujer de mi mejor amigo -agregó-.
Ves solo lo malo, viejo.

-Dime algo bueno que haya hecho -seguía
quejándose Razvan.

-Desde que está ella no murió un alfa más
en nuestra manada -la defendió el enorme guerrero- y mi amigo sonríe de vez en
cuando.

-¿Ya terminaron? -habló por primera vez Viorica. Nadie dijo nada, hasta Lucia se sentó recta y se puso seria-. La más joven acá es Lucia con 335 años y se comportan como niños de 10, estoy muy decepcionada -dijo la mujer mientras se cruzaba de brazos, pero sin perder su
tranquilidad ni su calidez-. Hoy ha sido una noche particular, pasaron cosas
graves que no podemos explicar, destrozaron una vitrina entera, ventanas del
museo, mataron a humanos y están discutiendo -les llamó la atención
pacíficamente-. Razvan querido, conoces a Lucia desde hace 3 siglos, sabes cómo
es ella, que no tiene filtro, pero que siempre peleó a nuestro lado, protegió a
diestra y siniestra a Toranosuke y está siempre, es la hija eterna-. El viejo
bajó la cabeza-. Tú, querida mía, eres una dulzura, pero por favor te pido que
mejores un poco tus modales, te adoro, eres la hija que nunca tuve, dulce,
hermosa y desde que conozco a Toranosuke, como bien Velkan dijo, eres la única
que lo hace sonreír, sonrojar, lo veo con ganas, no lo veo sufriendo constantemente,
¿prometes comportarte?, ¿puedes no destrozar las cosas a tu paso? -sonrió la
anciana.

-Sí, Viorica -contestó Lucia.

-Perfecto, primer problema solucionado,
todo tranquilo entre nosotros; ahora nuestro segundo problema, Dragos, por
favor infórmanos y Sûbiril, que limpió el lugar, seguirá.

-Bien, el demonio que Toranosuke y Lucia
enfrentaron era un inquisidor del Tártaro, de los de la guardia de Vlad Tepes,
no aparecían desde el siglo 17 -informó el intelectual, todos, enmudecidos,
abrieron sus ojos atónitos.

-¿Qué quería en una vitrina de exposición
de armas del museo? -preguntó sin entender Razvan-. La espada de Deimos (espada
del terror hecha con el diente de Cervero) no está en una vitrina, esos
demonios no son estúpidos si recuerdo bien.

-No, esos demonios no son estúpidos y la
espada de Deimos está o estaba en el sótano del museo protegida por toda
nuestra tecnología -agregó el Hacker mientras el resto empezaba a preocuparse.

-¿Cómo que estaba? -preguntó Mihaela-. ¿Está
o no está?

-No lo sabemos -respondió Dragos-. Tendré
que analizarla.

-Según los detectores, nada del inframundo llegó al sótano del museo, nada maligno activó nuestras alarmas, las trampas y armas allí puestas si ese fuere el caso -dijo Toranosuke -, por eso Lucia y yo fuimos a la parte superior del edificio donde detectamos al inquisidor, Por radio le pedí a Sûbiril que fuera al sótano cuando limpiaba y las puertas con códigos de seguridad estaban abiertas, las trampas desactivadas, las armas también, la espada seguía allí -agregó el
intelectual, la incertidumbre entre los presentes crecía-. Por eso la tengo que
analizar, para cerciorarme que no sea falsa.

-Pero eso no lo podría haber hecho un humano, habría muerto, tenemos detectores también de temperatura -dijo Velkan-.¿Quién pudo hacer algo así? Alfas tampoco, tendrían que saber los códigos de
las puertas y tener las runas de protección que solo nosotros de Bucarest
tenemos.

-¡Exacto! Nadie puede tener los códigos
sin que me entere y esas runas las tienen ustedes -se emocionaba Dragos-. Lucia
y Toranosuke en el momento de la apertura según el video estaban fuera del
Museo en persecución. Sûbiril estaba en los alrededores esperando órdenes y el
resto estábamos aquí, todo monitoreado vía satélite. Miren el video -dijo el
intelectual mientras tocaba un botón en su computadora y una pantalla enorme
bajaba sobre la chimenea principal.

En la primera imagen apareció un pasillo que terminaba en una pared, se hizo una pequeña interferencia y la pared dejó de existir, se había abierto, todos se inclinaban a la pantalla. Dragos escribió en su computadora y la imagen pasó a mostrar un pasillo enorme lleno de
detectores de última generación que gracias a la cámara infrarroja se veían
encendidos. Todos se quedaron atónitos cuando vieron que lentamente se iban
apagando uno tras otro en cadena, una segunda pared se abrió. El hacker
introdujo otro comando y la imagen en la gran pantalla era la de la espada en
una vitrina, el vidrio tenía grabado varias runas de protección. Nuevamente la
interferencia, cuando volvió la imagen, la espada no estaba en su lugar y la
vitrina estaba abierta. En la enorme sala de estar se escucharon a varios
asombrados, la mayoría con el ceño fruncido. La interferencia volvió y la
espada estaba nuevamente en su lugar, la vitrina cerrada como si nada. Viorica
se tapó la boca con su mano asombrada. Velkan y Mihaela se miraron con la boca
abierta. El viejo malhumorado señalaba la pantalla y balbuceaba, pero solo
podía emitir palabras a la mitad. Toranosuke y Lucia se agarraron de la mano y
se miraron pensando en cómo se les pudo escapar algo así.

-Cuando entré al pasillo, los dispositivos estaban desactivados, eso se puede hacer con algún impulso electromagnético, pero las runas de protección y las armas mágicas estaban intactas y lo que sea no aparece en la cámara -dijo Sûbiril con el ceño fruncido.

-Mañana mismo quiero que Dragos y Sûbiril hablen con el Dumitrescu, que le sellen la zona y que investiguen todo lo que puedan investigar -ordenó firme la más antigua de los Alfa-. ¿Y los guardias?

-Ese es otro tema inconcluso -contestó Dragos-. No los mató el inquisidor, por las imágenes del museo, ellos mismos se arrancaron los ojos y se murieron literalmente del miedo.

-¿Se arrancaron los ojos? -pregunto
irónicamente Lucia.

-Ni Tanatos haría algo así -dijo Mihaela.

-Vienen a buscarte... Los ojos fríos del
infierno -dijo analizando lentamente Viorica -. Eso dijeron los guardias
muertos al último con vida, si iban a buscarlo significa que no es un solo
demonio, "vienen" dijeron y si se murieron de miedo entonces debe ser algún
ente que se alimente o goce del miedo mortal.

-Solo dos seres pueden hacer eso, pero no
pueden salir del Tártaro -afirmó Toranosuke-. Las Keres, las gemelas que
disfrutan y se alimentan del miedo y buscan la muerte violenta para existir -se
tomó la cabeza con ambas manos pensando -, pero Cerbero jamás las dejaría salir
del Inframundo.

-Bueno, ahora no lograremos nada -agregó
Viorica-. Vayan todos a dormir que mañana los que no investigan se quedan aquí
entrenando y alerta para salir -ordenó- y, Dragos, está a punto de amanecer,
sella inmediatamente la "cueva", activa todas las medidas de seguridad y cierra
las ventanas, no queremos que Lucia tome mucho sol -sonrió. Dragos inmediatamente
con su computadora activó el protocolo de seguridad y la alarma se activó con
un chillido, las ventanas se sellaron con placas de acero. Todos se dirigieron
a sus habitaciones, Lucia lo llevaba rápido a Toranosuke mientras le sonreía
libidinosamente. Él le devolvió la sonrisa, pero estaba preocupado, no sabía qué
podía suceder, ella prácticamente lo arrastraba.

Abrieron la puerta de la habitación donde había armas japonesas y armaduras que cubrían todas las paredes, una heladera para la sed de la vampiro, una pequeña computadora, en el techo un espejo y por supuesto, ninguna ventana. Él tomó a Honjo, la cual se hizo visible y la dejó
en un katana kake (atril tradicional japonés para guardar sables). Al darse
vuelta vio cómo Lucia ya se había sacado las botas, dejó caer su sobretodo,
mirándolo como un predador a punto de devorar su presa, siguió por su
musculosa, se la sacó por encima de su cabeza, dejando al descubierto sus
senos, se acomodó un poco el pelo. Él ya estaba rendido y se tiró sobre la cama
sin quitarle la mirada. Lucia de un violento tirón se sacó el cinturón y
procedió a bajarse los pantalones. Una vez que solo le quedó su diminuta tanga
se tiró sobre él y comenzó a besarlo ferozmente, le sacó toda la ropa y comenzó
a besarle el cuello, luego el pecho, después le lamió los abdominales.

-¡Momento! -paró ella.

-¿Qué pasó? -dijo él sorprendido y
enfadado a la vez.

Ella no contestó y así semidesnuda corrió
hacia una de las paredes y la golpeó muy fuerte.

-¿Qué haces? -se enfadó Toranosuke.

-¿Qué música te gusta, Dragos? -gritó
riendo Lucia. El samurái cerró los ojos y maldijo, no lo podía creer.

-Cualquier cosa de metal está bien -se
escuchó la voz del intelectual desde el cuarto próximo.

Ella corrió al ordenador y se sonrió, de pronto a todo volumen comenzó a sonar "Dance of the death" de Iron Maiden. Ella corriendo volvió a la cama y saltó sobre él como si nada hubiera pasado. Siguió lamiéndolo todo, pero no se escuchaba más que la música, luego él la sentó
sobre él y, mientras tenían sexo desenfrenado, ella le dio un poderoso mordisco
en el cuello, pero no pararon, lo hacían mientras Toranosuke perdía sangre y
ella bebía. Ese alimento a ella la ponía en un estado narcótico, subió el nivel
de violencia de los saltos de ella sobre él, su boca estaba empapada en sangre
y sus colmillos ya eran visibles. El plasma ya manchaba las sábanas, ella lo
besó y él bebió también. De manera violenta para cualquier ser humano él la
tumbó boca arriba y empezó a hacerle el amor mientras ella no dejaba de jadear,
gritaba y despedazaba las sábanas con una mano, con la otra se aferraba tan
fuerte a la espalda del samurái que le dejó varios cortes. A la hora de
semejante violencia y pasión, al término, los dos transpirados y agotados se
hicieron uno en un abrazo. Ella lentamente empezó a lamerle las cicatrices de
la espalda y de la boca, las cuales cicatrizaron en el acto, una vez relajado y
curado, Toranosuke encendió un cigarrillo, ella de un salto rápido se incorporó
y apagó la música, luego abrió la heladera y sacó un envase plástico de
hospital lleno de sangre, el cual abrió y bebió totalmente desaforada (los
vampiros gastan mucha energía en calentar el cuerpo o en llevar a cabo
funciones orgánicas de los vivos). Luego saciada volvió a la cama y usando el
pecho de Toranosuke como almohada, lo miró y le dijo:

-Estamos gastando un presupuesto enorme en
sábanas y frazadas.

-Sí - rio él-, ahora cuando te duermas voy
a tratar de tirarlas sin que nadie me vea -agregó mientras las sacaba y las
reponía.

-¿Por qué te cuesta dormir tanto? -preguntó
ella mientras lo abrazaba por la espalda.

-Nunca fui de dormir mucho -contestó e
hizo un silencio, terminó de hacer la cama y se volvieron a recostar.

-Lo sé, pero ahora me preocupas, no duermes
casi nada, ¿hay algo que te tenga nervioso? -se preocupó ella, mientras lo
miraba dulcemente.

-No, cielo, no me preocupa nada -contestó él.

-Hace mucho que no tienes pesadillas,
¿volvieron?

-No, bebé -sonrió él, mientras daba la última
pitada a su cigarrillo y lo tiraba en el cenicero-. Estoy perfecto, ¿recuerdas
que me preguntaste por nuestro aniversario?

-Sí -contestó ella con una sonrisa que le
iluminaba la cara.

-Bueno... - dijo él mientras le acariciaba
la cadera-, te voy a llevar a un lugar muy lindo a la noche -siguió, mientras
ella hipnotizada se mordía los labios de la felicidad-. Nunca te llevé a un
lugar así, elegante y todo -rio él, ella cerró los ojos y besó su pecho -. Es
lo menos que puedo hacer por ti -concluyó Toranosuke, comenzó a acariciarle el
pelo, suavemente, hasta que en un momento notó que se había quedado dormida
sobre su torso. La apoyó sobre la almohada y se quedó mirándola, era el ser más
hermoso que podía existir, así despeinada y desarreglada, desnuda a su lado, su
sonrisa era todo para él.